
Internet ha cambiado todos los aspectos de la vida moderna y tal vez haya supuesto una revolución social mayor incluso que la revolución industrial. Internet ha afectado y modificado, para bien o para mal, todas las esferas de la vida humana y todas sus formas de expresión. Y el arte tampoco ha escapado a sus garras su influencia.
Víctima o beneficiario de la globalización 2.0, el arte puede llegar desde todas partes y de cualquier forma hasta cualquier lugar. El arte ahora no pertenece solamente a una minoría intelectualmente culta, sino que ha perdido en cierto modo su carácter elitista para alcanzar a todo el mundo. Con esto no quiero decir que cualquiera puede ahora aprender sobre Velázquez o entender las exposiciones de la Saatchi Gallery navegando por la web, sino que cualquiera puede crear algo, e independientemente de su calidad artística, colgarlo en la red y clasificarlo como arte.
El arte se ha democratizado, ha borrado sus fronteras, se ha descentralizado; unido todo esto a que hoy día cualquier cosa vale en el arte y la mayoría lo acepta como algo bueno. Yo no estoy seguro de qué pensar.
Por un lado, se ha devaluado. Si el arte es algo que cualquiera puede hacer, ¿qué valor tendría? Si para dar a conocer tu arte necesitas moverte, ganártelo, lucharlo; intrínsecamente eso le da más valor que si es tan sencillo como colgar en tu perfil algo que hayas hecho. Por otro lado, puede que esto nos ayude a seleccionar, que llenando la habitación de basura sea más fácil ver la joya que brilla al fondo. Sea como sea, el máximo beneficiario ha sido la música, con fenómenos como Arctic Monkeys, Lilly Allen o en España, ese chico del que prefiero no hablar.
Hoy día cualquiera puede grabar un maqueta en un ordenador, hacerse un Myspace y tener éxito, pero también puede uno hacerse un blog y escribir un libro en él que será accesible desde cualquier lugar del mundo sin necesidad de un editor. Y además no hace falta estudiar nada ni dedicar horas y horas a esa disciplina concreta para hacerlo.
Éste es el mundo del resultado inmediato sin esfuerzo, así nos estamos educando a nosotros mismos. También vemos blogs y blogs cuyos autores desatan sus más ególatras instintos, blogs creados para su mayor gloria, donde nos cuentan sus divagaciones geniales, nos muestran su fantástica fotogenia o nos informan sobre qué comen cada día y que ayer se les perdió el bonobús (pero éste es otro tema y no me quiero desviar).
En el otro lado, tenemos a Youtube como uno de los mayores contenedores de basura audiovisual que podemos encontrar en el mundo, dejando a un lado los archivos de Telecinco. En lugar de usarse el medio para la creación e innovación artística de valor, se usa al 95% para vídeos de perros patinando, tíos metiéndose latas de lentejas en la boca, accidentes de tráfico o palizas adolescentes.
¿Ésta es la cultura que está creando Internet, entonces? Sí, esto también es parte de esa cultura, fruto irremediable de ella. Esto lo encontramos en cualquier lugar de nuestra sociedad de consumo, donde el entretenimiento lamentablemente está muy mucho más valorado que la calidad y la forma del artefacto.
Por último, ya que hablamos de arte, la censura cada vez está más presente en Internet, en este mundo políticamente correcto, moralmente pulcro, en el que si algo ofende mínimamente a alguien es cortado de raíz en pos de las libertades.
Recuerdo el caso de una campaña en la que queríamos colgar el trailer de una buena película de cine española, de un buen director, en Youtube y no fue aceptada porque en el trailer se veía una teta. Una teta. Por favor. Es la política de Youtube y Google. Lo entiendo, pero no lo entiendo, porque la Venus de Botticelli también enseña una teta y está en el Google Imágenes, no sé si me entendéis.
Personalmente me parecen mucho más pornográficos otro tipo de contenidos, como los enunciados anteriormente, que en cambio no se censuran.
En definitiva, con Internet podemos potenciar el arte, hacerlo crecer y evolucionar de una forma anárquica y completa. También podemos hacer que cualquier persona del mundo conozca sobre microbiología o sobre la arquitectura de Praga; pero si no llevamos cierto control sobre la calidad del contenido creativo y ejercemos demasiado control sobre las tetas y los culos, solamente tendremos un montón de servidores llenos de archivos vergonzantes para la humanidad, además de inútiles más allá de la anécdota. Sí, vivimos en un lugar donde la anécdota es más importante que el hito.
Entonces, como raza humana, ¿realmente estamos usando Internet en la dirección correcta o somos un grupo de chimpancés semievolucionados que se entretiene con un objeto cuya utilidad no entiende en absoluto?
Perdonadme, os dejo, que un compañero acaba de pasarme un powerpoint de deformaciones congénitas muy interesante (espero que no me censuren esta última frase).
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No es una propuesta deshonesta ni quiero dejar de animarte a que sigas esta lectura. Pero después de leer mi blog, seguir mi twitter, escuchar mi podcast y ver mi flickr, quizá te parezca interesante estrechar mi mano, probar mi vodka con zumo y perder al futbolín.
Seguro que la tele en streaming nos hace parecer superstars, pero tampoco vamos a ir más allá de un cyberflirt.
Internet es lo que fue el cine para Renoir, “la gran ilusión”. Se debate entre los que piensan que los de detrás del avatar son todos feos y los que piensan que la rubia de la foto no les engañaría con el photoshop. Pero aquí el que más, el que menos, se ha lanzado a una cita a ciegas, o peor, se ha dado por satisfecho antes.
La web permite un contacto directo, más o menos privado, exclusivo, a ciegas o con presentación previa, personal, profesional o ambos. Sin embargo, no nos damos por satisfechos. La tendencia es estrechar ese trato, haciendo de la web una forma de contacto en sí, pero más: una oportunidad de mayor relación.
De la cita a ciega pasamos a los eventos colectivos, desde los Beers and Blogs hasta el Evento Blog pasando por infinidad de siglas. Los twitteros mejicanos, los lectores de Madrid me Mata, los comensales de Marqueze… para tomar una cerveza o hacer negocios.
Ahora ha llegado el turno de las marcas. Algunos bienaconsejados ya han empezado: Nokia, BBVA, Dell, Subaru, Saab, Yoigo…
¿Qué son las marcas? ¿Quién está detrás? Los usuarios, los consumidores y los lectores voraces quieren saber más. Es un proceso similar al que originó las relaciones públicas, cuando las empresas se apercibieron del enorme poder prescriptor de los Mass Media. Entonces se invitaba al periodista de cámara a los postres para llegar a un acuerdo. En la era de la información distribuida el trato debe ser limpio y directo, entre iguales y sobre la única base de la credibilidad. Internet lo convierte en algo público y abierto.
Las marcas son casi por definición entelequias, fundamentadas en palabras y colores. Son capaces de ganar la batalla de los carteles y los spots por la mano de sus diseñadores, copys y planners. ¿Pero están preparadas para un cuerpo a cuerpo? Igual que en las relaciones personales, siempre es mejor con una copa.
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- Me llamo Julia
- Yo Raúl
- ¿Cuánto llevas en Meetic?
- Un año más o menos
- ¿Y has conocido a alguien físicamente?
- Bueno… un par de veces pero al final nada serio
Diálogos como éste circulan por la red a diario. Ligar por Internet se ha convertido en el “pan nuestro de cada día”. Ya no ponemos caras raras cuando algún amigo nos presenta a su cibernovia o cuando alguien nos cuenta que no puede salir porque ha quedado para chatear con su amiga virtual.
Somo así. Yo soy así. Y no me importa reconocerlo: soy una meetic adicta. Pero, ¿supone esto el fin del amor tradicional? ¿Nos pedirán matrimonio dentro de unos años desde una cámara Web?
El caso es que entre Meetic y Match emparejaron a 400.000 personas en todo el mundo durante 2006. Es más, según Jupiter Research, este negocio pasará de los 243 millones de euros actuales a 549 millones en 2011, superando a los ingresos generados en la actualidad por los americanos.
Estas cifras impresionan y más si recordamos que no hace mucho en España nuestros abuelos no podían ir de la mano por la calle por temor a ser encarcelados. Internet, amigos, vuelve a ganar la batalla. Las reglas, definitivamente, han cambiado.
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Para mí todo comenzó alrededor de 1987. Ávidos usuarios de enormes y carísimos ordenadores sufríamos la disputa entre Microsoft e IBM por el mercado de los sistemas operativos.
El gigante azul con su excelente OS/2 y Microsoft con una versión de juguete de lo que hoy en día conocemos como el “sistema de sistemas”, dicho por cierto, con infinitas comillas. Aquello que en principio era una colaboración entre dos empresas punteras e innovadoras, se convirtió en una lucha titánica por el primer puesto en la parrilla de salida en la frenética conquista del mercado de ordenadores personales… y de sus usuarios.
Todo esto sucedía entre finales de los 80s y principios de los 90s. Pero aquello que parecía el centro de atención de la élite de la tecnología del momento sólo era una pequeña y difuminada sombra comparado con lo que estaba a punto de suceder, lo que algunos consideramos como la mayor revolución social de todos los tiempos. Quién iba a pensar que la fusión entre un departamento gubernamental y una fundación científica (ARPANET y NSFNET), utilizando un protocolo de telecomunicaciones desarrollado en 1972 (TCP/IP) acuñarían uno de los términos más utilizados en nuestros días: INTERNET, con mayúsculas.
Todo este brutal movimiento tecnológico, la conexión entre diversos nodos de comunicaciones a nivel mundial, la adaptación de todos estos sistemas al protocolo TCP/IP, la participación europea por parte del CERN, la consolidación del W3 y un largo etcétera de sucesos, combinaron la fórmula perfecta: la droga de la que muchos todavía seguimos enganchados y que dudo (a estas alturas de la película) seamos capaces de curarnos.
Y sucedió lo inevitable, todas las pantallas CRT del mundo, con sus terribles panzas redondeadas y verdosas, escupieron a través del cobre y de aquellos acelerados 2.400 baudios lo que sería el detonador de la más desbocada y descontrolada carrera por la conquista de la retina de los noctámbulos, usuarios primerizos de INTERNET: la primera página web (si la entendemos como una fuente de información adaptada al W3 y accesible mediante un navegador), a comienzos de los 90s. Y cómo no, alguien encontró el potencial publicitario del invento y no tardando mucho (1994) se creó el primer banner de la historia de Internet. Como anécdota, se trataba de una publicidad de AT&T, cuyo logotipo no aparecía por ninguna parte (impensable en la actualidad).

Aquellos que nos acercamos peligrosamente a la franja de los cuarenta, hemos tenido la suerte de vivir y disfrutar en primera persona de todo este crecimiento imparable y desmedido. En mi caso, he tenido la enorme suerte (por formación y profesión) de ser partícipe del nacimiento y evolución de este pequeño bebé al que amamantamos y veneramos con amor paternal. Bajo mi punto de vista, INTERNET se encuentra en el momento del destete y gracias a la democratización de las nuevas tecnologías, de la facilidad de acceso a nuevos y amigables entornos de desarrollo y al enorme crecimiento cultural y participativo que las nuevas generaciones impulsan, veremos un giro radical en cuanto a la forma de publicar y comunicar cualquier tipo de contenido a través del que probablemente se convierta en los próximos años en el medio/soporte publicitario por excelencia.
INTERNET absorberá, devorará, eliminará muchos de los medios tradicionales, o al menos estos deberán sufrir un giro y una adaptación sin precedentes o se convertirán en pasto de minorías.
Todo esto sólo refuerza una máxima difícilmente discutible: INTERNET es el medio de comunicación con el mayor crecimiento, con el mayor impacto social y con la mayor capacidad de adaptación a las nuevas tecnologías que cualquier otro medio tradicional en la historia de la especie a la que pertenece el que escribe estas líneas. El mensaje para los que nos dedicamos desde el comienzo de los tiempos a pelearnos con los ceros y unos de las telecomunicaciones es sencillo: ATARSE EL CINTURÓN, QUE VIENEN CURVAS Y ESTE COCHE CIRCULA A TODA VELOCIDAD.
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Cuando se trata de vender publicidad en televisión, todos tenemos la percepción de que el camino es fácil, de que todo está ya hecho. Las marcas saben que tienen que estar ahí y no les importa desviar la mayor parte de su presupuesto a este medio.
Cuando lo que hay que vender es Internet, el escenario se torna más gris. Contra todo pronóstico, y en plena Globalización, me da pena e incluso pánico reconocer que tenemos que esforzarnos más que el resto para que el marketing online se considere como un medio más dentro de la comunicación de una marca. ¿Somos los desheredados de la publicidad? ¿Hasta cuándo Internet va a seguir siendo el último de la fila?
Es hora de cambios; el futuro nos pisa los talones y en España no estamos preparados. No me importa esforzarme cada día para que Internet cobre la fuerza que se merece. No pienso parar hasta conseguir que el medio online sea la base importante de la publicidad actual. Pienso seguir haciendo lo que me apasiona a cada instante. Trabajar en marketing online merece la pena, sean cuales sean los obstáculos, no dejaré que mi vida cambie. La pasión es la materia prima de los planificadores online. Si lo sientes, no lo puedes dejar.
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