Este artículo no pretende enjuiciar comportamientos ni analizar la operativa general de Internet. Ni siquiera pretende llegar a ningún tipo de conclusión moral, es simplemente la reflexión de un navegante de la red. Cada cual que asimile y absorba lo que le convenga.

Todo esto se consigue, en principio, creando soportes de calidad que den una oferta lo suficientemente atractiva, o bien, generando soportes adaptados a la demanda social existente del momento. Entendiendo por soporte, cualquier medio audiovisual, televisión, libros, prensa, radio, y por supuesto, el que en este caso nos interesa, Internet.
Desde hace mucho tiempo escuchamos expresiones del tipo: televisión basura, prensa amarilla, etc. Y yo me pregunto, ¿no estaremos creando “Internet basura” con esa obsesión por conseguir visitas a toda costa? Sólo nos preocupa obtener usuarios, como sea. Obtener impresiones, como sea. Obtener clicks, como sea. Aunque tengamos que bombardear al pobre receptor con todo un despliegue de formatos publicitarios, incluso con algunos específicamente desarrollados para robar la pulsación de botón del desprotegido espectador.
Y digo yo, dónde hemos dejado aquello del “valor añadido”, entendido como excelencia en el contenido. Hemos pasado de preocuparnos por crear contenidos de calidad a crear contenidos de cantidad, en los que el objetivo primigenio es conseguir el mayor número de visitas en el menor tiempo posible. No importa cómo, sólo importa rápido, rápido.
No nos engañemos, cualquier producto que no esté de moda y pretendamos convertirlo en referencia y demanda, deberá pasar por el proceso natural de crecimiento cualitativo. Cualquier otra cosa, significará forzar la máquina y crear mediocridad y simplicidad.
Como he comentado al principio, no pretendo ser excesivamente moralista, entre otras cosas, porque yo mismo he sido devorado por ese gigante llamado consumo. Para que el billete verde cambie de mano hay que generar consumo. Y las empresas no entienden de tiempos de espera ni de procesos naturales, sólo entienden de objetivos. Dichosos objetivos, radicalmente incompatibles con la paciencia. Je, intenta decirle a un niño de tres años delante de un escaparate de caramelos, que tiene que esperar al día 1 del mes que viene, que es cuando sus papás cobran.
Intenta decirle a un cliente que tiene que planificar en un soporte de calidad con pocas impresiones. Intenta convencer a un cliente que conseguir determinados objetivos de posicionamiento sólo son posibles con tiempo y trabajo de calidad. Intenta convencer al cliente de que es mejor crear pocas referencias de calidad que muchas insustanciales. No, no, no; queremos mucha gente, muchas impresiones, muchas referencias, muchas visualizaciones, y lo más importante, para mañana. Y por supuesto, de calidad.
Hay que reconocer que se está produciendo una evolución, una transformación, una apuesta por productos que prioricen lo cualitativo frente a lo cuantitativo. Aunque, bajo mi humilde punto de vista, queda mucho recorrido por hacer y muchas orejas que abrir.
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Los enlaces son el equivalente a las venas o las conexiones neuronales en el hipertexto, este tipo de conexiones articulan la estructura misma de la red y dan forma a lo que de singular tiene el relato hipertextual. Es bien sabido que debido a ello desde hace mucho tiempo los motores de búsqueda han utilizado el “link” como unidad de medida de sus algoritmos. A grandes rasgos y hasta hace algún tiempo la cosa era un enlace, un voto; un enlace de un sitio importante un voto de mayor peso. Sin embargo los tiempos están cambiando, y lo hacen al ritmo que lo hacen las tendencias que hacen mutar la fisionomía de la red.
En el principio de los tiempos (sólo 1989 no creais) la World Wide Web fue creada por Tim Berners Lee y su equipo con una filosofía heredada de sus orígenes militares en los tiempos de la Guerra Fría, que habían de convertirlo en un sistema de interconexión de ordenadores distribuido en el que todos los nodos transmitieran la información entre sí, en el que la destrucción de uno de los nodos no afectara a las comunicaciones del sistema, que podrían replicarse entre el resto de nodos. Sin embargo la red nace en el momento histórico en el que nace, y pronto se retorcerá su estructura para convertirla en una estructura centralizada, donde las grandes empresas que tratan de apoderarse de la novedad diseñan una red de emisores y receptores, replicando la estructura de los medios tradicionales con los que están acostumbrados a tratar los gabinetes de comunicación de los grandes grupos, con una comunicación mucho más delimitada y por lo tanto más controlable.
En estos años se va desarrollando una nueva profesión, la de SEO (Search Engine Optimization), comúnmente conocido como “posicionador en buscadores”. El acceso a la información de ese mar de webs que es la red está cada vez más en los motores de búsqueda y los más listos de la clase estudian a base de “acierto-error” el funcionamiento de sus algoritmos. Son los momentos de “un enlace un voto” (filosofía heredada seguramente de los clásicos índices de impacto que miden el número de referencias de los trabajos académicos para ordenarlos por relevancia), y la estrategia primordial es el link building, consistente en conseguir el mayor número de enlaces entrantes hacia la propia web. En unos tiempos de centralización, y como no podía ser de otra manera, los esfuerzos empezarán por apuntar la web en cada formulario de directorio existente. Aparecer en DMOZ parece sinónimo de éxito.
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