El que se hace cargo de una campaña de publicidad de principio a fin; recibe las creatividades, soluciona cualquier problema técnico relativo a estas, las sube al ad server, genera un tag, sube ese código al soporte correspondiente, arranca la campaña: ¡bien, salimos en fecha! Y con la segmentación solicitada (segmentación horaria, por IP, frecuencia), pero el anunciante no quiere salir en toda tu red, sólo en aquellos sites cuyos contenidos atraigan a la audiencia que el anunciante busca. No pasa nada, también segmentamos por URL.
La campaña ha empezado con normalidad pero previamente, para ello, he tenido que echar mano de mis armas. ¿Cuáles? Un servidor de banners y Google Analytics.
“Esto ya está online”, es la frase que se espera oír, la que yo repito varias veces cada día pero, cuidado, la campaña no ha hecho más que empezar; desde aquí hasta que termine con éxito deberán pasar días, semanas o incluso meses; habrá que estar al tanto así que asumo otra de mis tareas: el seguimiento.
Aparentemente todo funciona con normalidad, pero el cliente quiere optimizar la campaña. Se solicita un cambio de creatividades, el usuario se cansa de ver siempre lo mismo así que nuevas piezas mejorarán el CTR y llevarán más usuarios hacia el destino deseado. Pero no todas las creatividades enviadas se ajustan a nuestras especificaciones, ¿lo podemos solucionar nosotros? ¡Por supuesto! Lo que sea necesario por satisfacer al cliente, es otra de las partes del trabajo.
Todo trascurre correctamente, el total de impresiones se distribuye equitativamente entre los días que dura la campaña, pero el soporte tiene un problema: necesita el tag en formato iframe porque el Javascript le penaliza en exceso la carga de la página. “No hay problema (eso es pan comido), te envío el nuevo código por correo ahora mismo”, le digo. También es mi función.
Finalmente la campaña toca a su fin. Todo ha ido bien (pienso aliviado). Es hora del cierre, en colaboración con el departamento financiero. Reportamos también los resultados de la campaña al cliente y éste nos el ok: “todo correcto”, nos dice. Ahora sí puedo pronunciar bien alto la palabra éxito.
Pero, ¿hay algo más que nos competa? Sí, en algunos casos el coordinador de publicidad también realiza labores comerciales (a las ofertas de trabajo me remito) y entonces, ¿qué más queda por hacer? me pregunto de forma retórica y con la boca demasiado grande…
Hasta la próxima.
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