
Podéis descargaros el último disco de Iván Ferreiro, “Mentiroso Mentiroso”, desde cualquiera de estos dos enlaces:
http://www.ivanferreiro.es/descarga_album/dwldmp3/mentiroso.zip
http://64.151.198.150/bb/mentiroso.zip
¡¿Piratería?! No, cuando el autor tiene dos huevos (perdón por el brío) y una seguridad infinita en su talento se llama libre distribución de la cultura. Los enlaces están colgados en la web oficial de Iván.
Esto sí es, y nada más, Marketing Directo: el autor (cliente) hace un disco (producto), lo cuelga en su web (canal) y lo cuenta en su blog (medio) a sus lectores (target). ¿No es hermoso?
¿Podría ser mejor? ¡Sí! Además, el autor lee las opiniones de sus clientes en su blog (estudio de opinión) y mejora su trabajo (fidelización). Todos juntos: clap, clap, clap, clap.
Sí, estás pensando lo mismo que yo (“me voy a quedar sin trabajo”). Ante esta revolución, ¿el profesional de la comunicación qué puede hacer? Bruscamente, podríamos decir que unirse o apartarse. Y aunque romántico, no será tan brusco ni tan dramático. Pero espabilemos, porque con toda seguridad será.
Y no será la web 2.0, ni la comunicación 360º, ni el punk marketing, ni el flash mobbing… ni todo ese mantra de etiquetas y siglas que nos calma y arroga importancia tomando café con el cliente.
La revolución no será Internet, será en Internet. La harán artistas como Iván Ferreiro y Radiohead (que por su mera condición de ingleses, recibieron mucha más publicidad gratis), chavales de 15 años rapeando en MySpace, consumidores cabreados o spy bloggers en los principales partidos políticos.
O ¡ey!, la podemos hacer nosotros. Los profesionales de la comunicación. Se supone que por eso mismo llevamos ventaja, ¿no?
Díselo a tu cliente, dile que se lo diga a su consumidor. Bájate el disco de Iván Ferreiro y luego cuéntaselo a Warner. Al final, tu cliente y su consumidor tienen algo en común: los dos quieren que les digan la verdad.
¡Únete!
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Me he decidido a escribir este post después de repetidas y reiteradas solicitudes de tarifas recibidas de Agencias de Comunicación.
Por política de de empresa no tenemos publicadas las tarifas, aunque a las agencias de publicidad las facilitamos (las mismas a todas) sin ningún problema. El no tener visibles las tarifas supone que recibimos multitud de solicitudes de las mismas por parte de Agencias de Comunicación. El objetivo de estas es simple, cuando detectan un artículo que cita a uno de sus clientes piden las tarifas y valoran el número de impactos como si fuera publicidad.
Es decir, el soporte publica un artículo hablando de “Fulanito”, la Agencia de Comunicación de “Fulanito” ve el artículo y se pone en contacto con el soporte, le pide las tarifas y valora lo que “Fulanito” se ha ahorrado en publicidad online.
La caradura llega hasta el extremo de solicitarte que seas tú, soporte, el que valore económicamente lo que le hubiera costado a “Fulanito” la campaña.
No entro ya en la parte estratégica de qué es mejor para el anunciante, simplemente me quedo en la parte de cómo se puede soportar un negocio aprovechándose del trabajo de terceros.
En lo que a mí respecta, me niego a entrar en este juego, por lo que no facilito las tarifas del soporte a nadie que no sea un anunciante directo o una Agencia de Publicidad. Creo que si permitimos este tipo de cosas le estamos haciendo un flaco favor al medio.
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Esta semana se celebra la Feria & Congreso para Marketing Digital y Publicidad en Internet, para todos conocido como OME (Online Marketing España).
Por segundo año consecutivo se celebra en Madrid (¿no sería más lógico cambiar?) y como siempre, es una ocasión para conocer las nuevas tendencias de la publicidad online.
Hay muchos stands interesantes, creo que asistiré a un par de ponencias a ver si me entero de algo. Me ha llamado especialmente la atención lo que los organizadores denominan el Gran Combate del Sector : Publicidad digital vs Publicidad tradicional.
El coordinador del evento, Javier Piedrahita, nos comenta:
La pregunta está en el aire: ¿pero para qué más y más estrategias nuevas de marketing cuando realmente se sabe cómo cazar al cliente? Y es que cuando uno ya lleva casi 20 años informando sobre el marketing (cómo pasa el tiempo…) la historia comienza a repetirse: que sí, que el marketing del futuro es verde. O es azul. O rojo.
De nuevo nos van pasando recetas aptas para la última tendencia con el agitador requerimiento para no perder el tren hacia el futuro. La bonita y nueva etiqueta del 2.0 muestra la gravedad de la situación, incluso al que vive en la aldea más recóndita. De nuevo expertos y prensa sectorial nos llaman a la acción urgente porque los clientes ya están, según nos indican a grito limpio, en otra parte. Y nuevamente los conceptos nos nublan la visión del contexto real. Y eso que está sucediendo algo dramático. A las empresas se les escapa el control sobre sus marcas. Porque ya se publican más informaciones sobre sus productos o servicios por los consumidores que por sus departamentos de marketing.
Estos, si no leen medios como por ejemplo este mismo o visitan mesas redondas como la que mañana tendrá lugar, siguen anclados en la estéril discusión del canal y la tecnología. ¿Cuántas veces he tenido que aguantar estas discusiones en foros o comidas? Lógico que a uno se le acabe la paciencia y comience a provocar un poco para no dormirse del todo…
Javier lanza varias preguntas también en su artículo, preguntas que llevamos debatiendo un par de meses en este blog y que debatirán 6 participantes en el combate; responsables de agencias y de anunciantes:
¿Hacia dónde va la publicidad española en 2008?
¿Ha muerto la comunicación de masas y con ello el spot de TV?
¿Pagaremos pronto por recibir la atención del consumidor?
¿Debemos dejar de perseguir al consumidor con nuestra publicidad?
Con tantos nuevos canales y fragmentación de audiencias, ¿no deberían volver las agencias de medios a ser integradas en las de publicidad?
¿Marketing de ayer, lo hacían los directivos del marketing y sus agencias? ¿Marketing de mañana: lo hará cualquiera?
¿La revolución es escuchar?
¿Marketing de hoy: ya no se puede mentir, todo sale a la luz?
¿El marketing 2.0 puede ser más creíble que el marketing clásico?
Parece que dejarán al público hacer intervenciones y preguntas, quieren un combate 2.0; que participe el usuario además de los 6 invitados. Nosotros estaremos allí. No estoy muy convencido de la eficacia de estos saraos, pero bueno, parece ser el traslado de este blog a un combate de púgiles con nombre y apellido.
¿Quieres participar?
Round OME, Fight!
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Si os digo que los anunciantes se gastan una media de 1,29 millones de euros en campañas digitales, muchos os asombraréis e incluso pensaréis que es bastante dinero. Pero si ahora añado que también invierten más de 7 millones en medios tradicionales, el panorama cambia.
Así nos lo ha contado el reciente estudio del Grupo Consultores que no nos deja resultados nada optimistas para los que trabajamos en este medio. Llegados a este punto, no puedo dejar de preguntarme algo obvio:
Si el 90% de los anunciantes reconoce que su experiencia con acciones digitales ha sido positiva, ¿por qué todavía hay incredulidad y rechazo a este medio?
Estaba a punto de olvidar esos datos cuando, hace unos días, me encuentro a un antiguo compañero de clase. Después de los saludos de rigor, le conté en qué consistía mi profesión. Os transmito lo que me dijo:
“La publicidad en Internet no sirve porque la gente ni siquiera la ve, pasa desapercibida y es molesta”.
Luego me comentó que él trabajaba como asesor de Manuel Fraga. Entonces lo entendí todo.
Más allá de eso, y aunque en ese momento sólo se me ocurrió alejarme de él, me di cuenta de que me había hecho dudar, que mis ideas acerca de este medio estaban tambaleándose. ¿Tenía razón o simplemente era una opinión que nada tiene que ver con la realidad? ¿Hay muchos qué piensan como él?
Los anunciantes siguen utilizando Internet de forma precaria… Y no sé si es algo estacional, algo que requiere tiempo o simplemente es algo que nunca, nunca… va a cambiar.
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Internet ha cambiado todos los aspectos de la vida moderna y tal vez haya supuesto una revolución social mayor incluso que la revolución industrial. Internet ha afectado y modificado, para bien o para mal, todas las esferas de la vida humana y todas sus formas de expresión. Y el arte tampoco ha escapado a sus garras su influencia.
Víctima o beneficiario de la globalización 2.0, el arte puede llegar desde todas partes y de cualquier forma hasta cualquier lugar. El arte ahora no pertenece solamente a una minoría intelectualmente culta, sino que ha perdido en cierto modo su carácter elitista para alcanzar a todo el mundo. Con esto no quiero decir que cualquiera puede ahora aprender sobre Velázquez o entender las exposiciones de la Saatchi Gallery navegando por la web, sino que cualquiera puede crear algo, e independientemente de su calidad artística, colgarlo en la red y clasificarlo como arte.
El arte se ha democratizado, ha borrado sus fronteras, se ha descentralizado; unido todo esto a que hoy día cualquier cosa vale en el arte y la mayoría lo acepta como algo bueno. Yo no estoy seguro de qué pensar.
Por un lado, se ha devaluado. Si el arte es algo que cualquiera puede hacer, ¿qué valor tendría? Si para dar a conocer tu arte necesitas moverte, ganártelo, lucharlo; intrínsecamente eso le da más valor que si es tan sencillo como colgar en tu perfil algo que hayas hecho. Por otro lado, puede que esto nos ayude a seleccionar, que llenando la habitación de basura sea más fácil ver la joya que brilla al fondo. Sea como sea, el máximo beneficiario ha sido la música, con fenómenos como Arctic Monkeys, Lilly Allen o en España, ese chico del que prefiero no hablar.
Hoy día cualquiera puede grabar un maqueta en un ordenador, hacerse un Myspace y tener éxito, pero también puede uno hacerse un blog y escribir un libro en él que será accesible desde cualquier lugar del mundo sin necesidad de un editor. Y además no hace falta estudiar nada ni dedicar horas y horas a esa disciplina concreta para hacerlo.
Éste es el mundo del resultado inmediato sin esfuerzo, así nos estamos educando a nosotros mismos. También vemos blogs y blogs cuyos autores desatan sus más ególatras instintos, blogs creados para su mayor gloria, donde nos cuentan sus divagaciones geniales, nos muestran su fantástica fotogenia o nos informan sobre qué comen cada día y que ayer se les perdió el bonobús (pero éste es otro tema y no me quiero desviar).
En el otro lado, tenemos a Youtube como uno de los mayores contenedores de basura audiovisual que podemos encontrar en el mundo, dejando a un lado los archivos de Telecinco. En lugar de usarse el medio para la creación e innovación artística de valor, se usa al 95% para vídeos de perros patinando, tíos metiéndose latas de lentejas en la boca, accidentes de tráfico o palizas adolescentes.
¿Ésta es la cultura que está creando Internet, entonces? Sí, esto también es parte de esa cultura, fruto irremediable de ella. Esto lo encontramos en cualquier lugar de nuestra sociedad de consumo, donde el entretenimiento lamentablemente está muy mucho más valorado que la calidad y la forma del artefacto.
Por último, ya que hablamos de arte, la censura cada vez está más presente en Internet, en este mundo políticamente correcto, moralmente pulcro, en el que si algo ofende mínimamente a alguien es cortado de raíz en pos de las libertades.
Recuerdo el caso de una campaña en la que queríamos colgar el trailer de una buena película de cine española, de un buen director, en Youtube y no fue aceptada porque en el trailer se veía una teta. Una teta. Por favor. Es la política de Youtube y Google. Lo entiendo, pero no lo entiendo, porque la Venus de Botticelli también enseña una teta y está en el Google Imágenes, no sé si me entendéis.
Personalmente me parecen mucho más pornográficos otro tipo de contenidos, como los enunciados anteriormente, que en cambio no se censuran.
En definitiva, con Internet podemos potenciar el arte, hacerlo crecer y evolucionar de una forma anárquica y completa. También podemos hacer que cualquier persona del mundo conozca sobre microbiología o sobre la arquitectura de Praga; pero si no llevamos cierto control sobre la calidad del contenido creativo y ejercemos demasiado control sobre las tetas y los culos, solamente tendremos un montón de servidores llenos de archivos vergonzantes para la humanidad, además de inútiles más allá de la anécdota. Sí, vivimos en un lugar donde la anécdota es más importante que el hito.
Entonces, como raza humana, ¿realmente estamos usando Internet en la dirección correcta o somos un grupo de chimpancés semievolucionados que se entretiene con un objeto cuya utilidad no entiende en absoluto?
Perdonadme, os dejo, que un compañero acaba de pasarme un powerpoint de deformaciones congénitas muy interesante (espero que no me censuren esta última frase).
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